ICOMOS Costa Rica

América: el sincretismo mas grande de la historia de la humanidad

"Las Levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América"

José Martí

Reflexionar sobre la autenticidad del patrimonio construido de este continente es en realidad un empeño quijotesco o tal vez quimérico. La extrema diversidad del continente, y la mirada fragmentada atentan a encontrar un patrón de regularidad y coincidencias que prometan un denominador común. Durante mucho tiempo en el inconsciente colectivo ha privado la idea de una unica América producto del mismo idioma, una misma cultura y la religión y sin embargo, existen diez, cien, acaso mil Américas.

Todo pueblo necesita, para planificar y organizar su futuro, tener claros los elementos que integran su herencia cultural. Este concepto se ha confundido frecuentemente con otro de percepción y conocimiento mas fáciles: el de patrimonio cultural, el que, si bien forma parte del de herencia cultural, abarca solamente aquellos elementos culturates que fenomenológicamente se presentan al individuo. Así, se ha recurrido a ciertos rasgos culturales muy específicos, como la carreta pintada, el Punto Guanacasteco o los objetos precolombinos, para adjudicarles el carácter de elementos centrales de nuestra Herencia Cultural. Pero no es posible circunscribir a estos rasgos una definición de nuestra Identidad Nacional, y aunque sean resaltados continuamente, cada vez que se necesitan aspectos ligados a ella, son otros fenómenos sociales y culturales los que permiten consolidar adecuadamente una conciencia de nuestro ser costarricense y de nuestro ser latinoamericano.

¿Será acaso que hemos encontrado un punto de confluencia entre los diferentes sectores sociales con intereses diversos y hasta contrapuestos? ¿Será que el terreno de la cultura tiene la virtud de convertir en confluencia lo que la vida social aparece como diversidad y contraposición?, finalmente, ¿será posible comprender la dinámica de generación y reproducción de la cultura con independencia de los hombres y mujeres que la viven y la recrean cotidianamente?

A todas luces resulta evidente que una respuesta, aún preliminar, a este tipo de cuestiones, nos hace caer en cuenta que el ámbito de la cultura dista de ser un terreno neutro en términos de los intereses y aspiraciones de la gente que interviene en él y de que no resulta realista separar el concurso de las fuerzas sociales en la forja de la cultura. En efecto, las condiciones asimétricas de participación de las personas en la vida social, tienen su capacidad de desarrollo cultural, en la medida en que constituyen el marco en el que se definen las posibilidades y límites de la cultura que se hereda y recibe; que se crea y recrea; que se proyecta y se aspira.

Autenticidad e identidad

Quisiera hacer referencia a un fenómeno que a mi criterio está muy relacionado con la problemática de la autenticidad, y es la noción de identidad cultural.

La noción de identidad esta vinculada a tres órdenes de relaciones fundamentales, cada uno de los cuales supone un espacio problemático que debe ser aprehendido en función de enfoques transdisciplinarios.

En primer término, debe mencionarse su naturaleza discursiva y el orden de relaciones que ella origina. La palabra "identidad" que, etimológicamente, proviene del ámbito o campo semántico de la mostracin (deixisj, ha sido anclada, en el nivel del discurso, en la denotación de una representación simbólica resultante de un proceso comparativo.

Un ejemplo clásico de esta aseveración es el profuso empleo de asignación de identidades que hace Cervantes en El Quijote. Basta recordar que Maritornes, por ejemplo, antes de ser descrita como una persona grotesca, es "identificada" como asturiana.

Por lo tanto, la identidad consiste discursivamente en una condicin que ha sido establecida en la conciencia social cotidiana, mediante un proceso comparativo cuya matriz semántica reside en el conjunto dialectico "MISMIDAD - ALTERIDAD". Los términos utilizados para designar los polos del proceso poseen, a su vez, dos determinaciones semánticas imprescindibles para el análisis de la identidad:

1 ) Por una parte, la mismidad y la alteridad denotan condiciones del ser, históricamente articuladas con la realidad. (Debe tenerse presente la fuerte contradicción conceptual que, en el discurso crítico, se presenta entre las nociones de "ser" y "realidad", por un lado, e "historia", por otro, pero la utilización de los términos se ajusta al intento de distinguir entre un uso ideológico de ellos y otro que procura desideologizarlos).

Esto quiere decir que, en la historia de las relaciones entre los hombres, surgen objetivamente condiciones de la manera de producir la existencia que pueden ser adscritas a lo propio o a lo distinto. Mas aún, la afirmación de un "soy", desde la conciencia cotidiana, supone el establecimiento de una percepción histórica que se nutre de las contradicciones y conflictos existentes al interior de las formaciones sociales de clases.

2) Por otra, en cambio, los terminos mismidad y alteridad se caracterizan por una esclerosis semántica que los fija a una significación metafísica. Se trata de un proceso ideológico por cuyo intermedio los hombres se perciben de una vez para siempre como depositarios de un "verdadero" ser que los hace, también ad aeternum, "distintos" de otros. Por supuesto, esta determinación semántica de los términos claves de la noción de identidad sesga todo posible asedio al carácter del proceso que tiene la condición de autoidentificarse y de identificar (a los otros). La oblicuidad provocada por la ideología en este caso, facilita el proceso de alineación (o negación del si mismo).

Entre ambas formas extremas de determinar el contenido semántico de los términos, caben numerables matizaciones que las investigaciones sobre identidad deben reconocer, describir y explicar.

En un segundo orden de relaciones, la noción de identidad conduce a la de reproducción social. Su fundamento reside en la tensión dialéctica entre programación social y producto programado. El asunto parece menos complejo si se abarca desde el punto de vista de los individuos. Cuando alguien tiene que identificarse recurre, por ejemplo, a su "cédula de identidad", documento que, con base en ciertos registros como la fotografía y la fimna, acredita que es la "misma" persona. Pero la mismidad sufre transformaciones y cambios, lo cual exige actualizaciones de los registros, como la fotografía, por ejemplo, que evidencia la condición física de equivalencia.

¿Qué sucede con las transforrmaciones y cambios no físicos que influyen en la identidad de un individuo? Entre otros, el cambio de sus trazos escriturales manifiestos en la firma, que puede ser asumido por el proceso de su identificación, cambiando el registro correspondiente en su cédula y en otros documentos identificadores. Pero quien ha vivido experiencias que no se manifiestan en datos físicos y que, sin embargo, contribuyeron a una profunda transformación de su ser, seguirá teniendo la identidad que le fue atribuida cuando los organismos sociales lo introdujeron en el proceso de mostración de si mismo.

El proceso de identidad de grupos sociales es muchísimo mas complejo. Enfatizamos la palabra "proceso" que, en toda consideración de la noción de identidad, ha de regir su conceptualización fundamental. El ejemplo aportado para hacer referencia a la identidad individual comprueba el carácter de proceso manifiesto en formas sensibles, físicas, como la imagen fotográfica y los trazos escriturales de la firma. Con mayor razon, la identidad social, que dificilmente puede registrarse de manera física, da lugar a consideraciones que se sustentan solo en el orden histórico, en las condiciones de la reproducción social, que es la máquina de la historia.

¿Con qué compara su mismidad un grupo social? A este problema se suma otro no menos difícil de resolver ¿con qué componentes de su conciencia cotidiana social realiza el grupo su comparación? En este momento de la reflexión se introducen categorías de la reproducción social ineludibles, como la de 'lucha de clases' y de 'ideologías,' nociones que dan cuenta de los procesos de reproducción social de todas las formaciones económico-sociales que han existido y existen en la actualidad. Y esta complejidad se acentúa cuando quien pregunta por su identidad no es el grupo social sino otro ente.

El proceso de identidad social, de subgrupos, de grupos, subclases y clases histórico-sociales, está condicionado necesariamente por la historia de las programaciones que los han constituido como grupos, clases, o fracciones de unos y otras. Es decir, preguntarse por la identidad es adentrarse en el conocimiento de la reproducción social que hace que un gupo o una clase sea tal. La programación social, que depende simultáneamente de las modalidades de producción, de las ideologías y de los discursos en cada formación económico-social, es el factor por cuyo intermedio se desarrollan los procesos de identidad.

Por último, en un segundo orden de relaciones, íntimamente vinculado con el anterior, la noción de identidad es inseparable de los movimientos sociales. Mas todavía, es uno de los procesos con que se desarrollan los macroprocesos del cambio social. Esto supone examinar la noción de identidad en relación con los factores que componen el movimiento social: actores, conflictos y espacios sociales. ¿Cuáles son los rasgos de identidad atribuibles a un grupo social? Responder a esta pregunta supone tener una idea clara de las condiciones de cambio social existentes en la formación económico-social a que pertenece el grupo.

Como se dijo al comienzo, el problema de la identidad debe ser abordado desde campos gnoseológicos diversos. Los problemas esbozados aquí tienen que ver, por lo pronto, con la semiótica, la historia, la antropología, la sociología, la psicología social, la comunicación. etc. Es ocioso preguntarse por el carácter de la asociación entre estas "disciplinas", sin antes conocer la disposición estratégica con que cada una de ellas visualiza el objetivo de sus prácticas: identificar la "mismidad" y, por consiguiente, la "alteridad" que, eventualmente, caracterizan al proceso histórico de un actor social enfrentado a conflictos específicos de un espacio concreto. Dicha identificación, que no puede hacerse sino en función de un proceso, supone el problema mas profundo de todos: ¿Puede la ciencia (social) desentenderse de las programaciones sociales, particularmente de las ideologías?

¿Porqué hablar de autenticidad en un continente sincrético?

Sobre nuestra América se palpa con frecuencia una gran ignorancia sobre su cultura v su universo simbólico. Generalmente ignoramos su historia y su geografia - a excepción de las nuevas Mecas turísticas, producto de la globalización económica. La arquitectura como práctica social no es un fenómeno al margen de esta problemática. Generalmente cuando hablamos de esa Arquitectura Americana, nos referimos a la América Anglosajona, desconociendo sobre propuestas y teorías de como abordar la problemática del Patrimonio construido de estas Américas.

La autenticidad del Patrimonio construido en nuestro continente debería abordar, no única y exclusivamente los problemas de localización, diseño, entorno, materiales, manufactura, ambiente, entre otros; sino, debiera de preguntarse por la problemática de cómo comunidades o grupos sociales, se identifican con estos hechos arquitectónicos y cómo ellos cobran significancia al interior de cada uno de estos grupos o comunidades, es decir que este significado es una relacion BIUNIVOCA entre lo que puede significar para la comunidad y lo que el proceso histórico ha permitido desairollar en cada uno de los bienes a ser considerados Patrimonio.

Un hecho arquitectónico cobra significancia a partir de que en él los distintos grupos sociales de una comunidad que anclan su sentido de pertenencia que los identifica y que a su vez les permite diferenciarse de otros con el fin de salvaguardar, conservar y preservar los rasgos culturales que les son propios, es por ésto que la arquitectura no puede verse única y exclusivamente en funcion de la estética sino como arte del espacio en función y relación directa con el que la habita, la usa y la disfiuta. La autenticidad no es solo una palabra aislada en un requisito para poder considerar un hecho arquitectónico patrimonio, la autenticidad cobra vigencia y universaliza al bien arquitectónico a partir de que nos podamos convertir en defensores de cada uno de estos hechos arquitectónicos, porque en ellos sentimos rasgos propios de cada uno de nosotros y a la vez de la colectividad misma.

Autenticidad y el proceso creativo

Establecer un proceso para la conservación, preservación o restauración ha de ser un proceso en el cual hemos de reconocer que estamos interviniendo parite de la historia del desarrollo de la comunidad. país o la humanidad y como tal, nuestra actitud ante esta práctica ha de ser objetiva, esto quiere decir valernos del conocimiento técnico, científico y artístico de nuestra época, pero a su vez, hemos de tener muy claro y conocer las técnicas, materiales y en lo posible, el concepto con el cual este hecho arquitectónico se inició.

Todo edificio que logre perdurar en la memoria colectiva y en el tejido histórico es sujeto de transformaciones, modificaciones o agregados a lo largo de su vida útil ¿cómo podremos definir cuales partes son relevantes o no para la preservación de este hecho arquitectónico a partir de nuestra propia intervención como conservadores?

Poder dar una idea con respecto a lo que ha de ser conservado del bien, es una labor transinterdisciplinaria en la cual la toma de decisiones nunca puede estar dada por especialistas de una sola rama del conocimiento humano. Caeríamos en el error de negar que el patrimonio construido es un hecho inherente a los profesionales en arquitectura; el patrimonio ha de ser como bien lo entendemos, herencia de antepasados y como custodios para las futuras generaciones, es por ello que interesa estudiarlo desde el punto de vista de la antropología social y urbana, asi como de expertos en el campo de la Historia, la Ingeniería, la Química y ¿por que no? de Comunicación Social. Este equipo es el capaz de poder llevar a cabo la determinación en cada uno de los casos de poder definir en cada uno de los casos el grado o la pertinencia de autenticidad de cada una de las campañas constructivas, por las cuales ha sido intervenido el bien, con el fin de no negar al Patrimonio el proceso histórico.

Discutir si la noción de autenticidad de Japon o la que manejamos en occidente es mas válida una que la otra, se convierte en un esfuerzo de Sirios contra Troyanos, por lo que considero que ambas nociones de autenticidad son respetables, puesto que son producto de los procesos de conformación de las identidades de cada una de las culturas, preocupación primordial de cualquier acción de conservación o preservación de este patrimonio mundial.

En nuestro país, la historia de la preservación y la conservación arquitectónica es relativamente reciente, antes de 1973 era la Asamblea Legislativa (Primer poder de la República), el encargado de declarar monumento nacional un hecho arquitectónico. No es sino despues de la fecha mencionada con la primera Ley que se establece (105397), en la cual se faculta al Poder Ejecutivo por medio del Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes y su Centro de Investigación Conservación de Patrimonio Cultural, en el que se organiza jurídicamente el establecimiento de nuestro patrimonio cultural. Sin embargo esta primera ley es bastante deficiente en cuanto a los procedimientos y mecanismos para poder llegar a establecer los principios de declaratoria de un bien arquitectónico.

Con la ley 1057 del 21 de setiembre de 1995, es cuando empieza a establecerse en forma sistematizada todo el proceso para la declaratoria del patrimonio histórico arquitectónico de Costa Rica. sin embargo, esta misma ley deja al margen una serie de criterios y nociones para la definición del patrimonio histórico arquitectónico, clasifica y define los siguientes términos

Monumento: Obra arquitectónica, de ingenieria, escultura o pintura monumentales, elementos o estructuras de carácter arqueológico; cavernas con valor científico desde el punto de vista histórico, artístico o científico; incluye las grandes obras y creaciones modestas que haya adquirido una significación cultural importante.

Sitio: Lugar en el cual existen obras del hombre y la naturaleza, asi como el área, incluidos los lugares arqueológicos de valor significativo para la evolución o el proceso de un pueblo desde el punto de vista histórico, estético, etnológico, antropológico o ambiental.

Conjunto: Grupo de edificaciones aisladas o reunidas, cuya arquitectura, unidad e integración en el paisaje sean de valor excepcional desde el punto de vista histórico, artístico o científico.

Centro Histórico: Asentamiento de carácter irrepetible, en los que van marcando su huella los distintos momentos de la vida de un pueblo que forman la base en donde se asientan las señas de identidad y su memoria social. Comprende tanto los asentamiento que se mantienen íntegros, como ciudades, aldeas o pueblos, como las zonas que hoy a causa del crecimiento constituyen parte de una estructura mayor.

El movimiento conservacionista en este país es una actividad relativamente reciente, pues bien como mencionábamos antes, ésto es una actividad que se da con gran auge a partir de la segunda mitad de la década de los años setenta. En estos primeros años lo que prevalecía en la declaratoria de los bienes fueron construcciones de tipo eclesiástico, asi como bienes de importancia estética y constructiva donde lo que privaba eran casas de expresidentes o personalidades de la historia nacional.

A pesar de que desde 1980 se da la creación del Centro para la Conservación de Patrimonio Cultural, hasta la fecha no se ha podido establecer una política consecuente para la conservación del patrimonio construido, esto producto de distintas circunstancias como son la carencia de una Ley amplia clara y con fundamento para poder establecer una política, paralelo a ello la falta de presupuesto nacional para la inversión en la conservación de patrimonio.

Años atrás, la propuesta sobre la conservación que se mantenía en este país era exclusivamente para la salvaguarda del patrimonio que pudiera evidenciar la historia oficial del país, dejándose de lado ciudades, centros urbanos que por su escala y tejido histórico podrían hoy considerarse ciudades históricas; este es el caso de la ciudad capital, que en la década de los cincuenta y sesenta producto de la Guerra de 1948 y las ansias modemizadoras de la segunda República en la cual no se tuvo la visión de los actos que se cometieron en estas décadas, algunos edificios que pueden evidenciar este proceso son los siguientes: La plaza de la Artillería y el Congreso de la República que se articulaban a la trama urbana en una forna consecuente con la morfología propia de las ciudades fundadas por españoles al igual que el caso anterior, otros edificios que dieron pié a estacionamientos de vehículos fueron la Biblioteca Nacional, el Banco de la Unión e inclusive edificios que se integraban al conjunto histórico del Teatro Nacional, máximo exponente de la Arquitectura de fines de siglo pasado para este país.

Sin embargo, ha molido el tiempo tantos almanaques como posibilidades para la conservación de esta herencia cultural, no es sino hasta en la última década que profesionales así como organizaciones comunales que empiezan a interesarse por la conservación del patrimonio construido, logrando permanecer edificaciones en la memoria colectiva mediante la re-utilización del inmueble, ya sea como museo o casas de cultura y últimamente el viejo Barrio Amón, que quedaba en las periferias de la San José de siglo XIX; hoy imbuido en el trafalgar de la ciudad, sus propietarios han tomado conciencia del valor cultural del cual son depositarios y se han preocupado por lograr conservar la estructura de vida de la oligarquía cafetalera Costarricense. Muchas de estas casonas hoy son pequeños hoteles y restaurantes de ciudad, que logran adaptarse a las necesidades de vida de la época.

No hay autenticidad sin identidad, es por ello que cualquier estudio que pretendamos llevar a cabo sobre la autenticidad del patrimonio construido ha de implicar a su interior la preocupación por establecer los rasgos fundamentales de una comunidad, porque bien la Arquitectura como arte tridimensional en la que el tiempo y el espacio se rompen y se afincan las memorias de esta América en flor debemos de buscar nuestros propios métodos y propuestas de conservación para el siglo venidero.

De estos criterios, sin embargo la conservación del patrimonio construido es relativamente reciente, esto sobre todo la formación de profesionales en la ingeniería y la arquitectura, que durante mucho tiempo han subestimado.